Y colorín colorado… este viaje se ha acabado.

Sábado, 6 de febrero

Hace ya una semana que volví de Bombay.

El regreso fue como un rebobinado. Todo pasó a la inversa. Abdul me llevó al aeropuerto y no me pareció tan bonito. Es un verdadero caos acceder a la terminal de salidas internacionales, embotellamiento de vehículos para acceder a la zona y embotellamiento humano para acceder al edificio. Y yo, cargando con todo mi equipaje, ¡y sin carrito!

Esta vez, si me tocó pagar exceso de equipaje. El facturador era de lo más antipático. Total… ¡Sólo eran 6 kilos de más!

Enfin, le puso el adhesivo de HEAVY y mi maleta desapareció por la cinta transportadora.

Insistí mucho en tener pasillo esta vez. En los dos vuelos, y comprobé al recoger las tarjetas de embarque, que así era.

Había llegado con mucho tiempo al aeropuerto y me tocó esperar. El embarque, fue un verdadero caos. Por el altavoz, las personas que nos convocaban, se contradecían cada dos minutos. Todavía no sé cómo, pero a la hora prevista, el avión cerraba sus puertas. Eran las 2:45 de la mañana, estaba tan cansada, que me dormía por momentos. Nos sirvieron un resopón rápido y me quedé dormida.

Me desperté cuando faltaba tan sólo 1 hora y media para aterrizar en Londres. Lo hicimos con puntualidad británica. El regalo londinense fue un precioso amanecer, con el cielo rosado y bucólico…

Esta vez también tuve que cambiar de terminal, pero sin prisas. Atravesé la terminal 5 hasta la rotonda de los autobuses, y luego cogí el autobús hasta la Terminal 3. ¡Qué gusto no tener que hacerlo corriendo! Y menos mal que tenía dos horas y media para el cambio, porque en el control de seguridad se habían puesto especialmente puntillosos y tardamos casi 40 minutos en atravesarlo. La cola era tremenda.

Una vez en la Terminal 3, aún me sobraba un ratito para el embarque de mi vuelo. Así que elegí una cafetería super acogedora, me compré un café enorme y me puse a escribir una carta a una amiga a la que aprecio mucho y con la que tengo un e-mail pendiente que no pude escribir durante el viaje debido a los problemas de conexión. ¡Qué placer!

El vuelo a Barcelona salió puntual, y también iba bastante vacío (como el que me tocó a la ida). Así que, aunque tenía pasillo, antes de despegar, me cambié a una ventanilla para admirar el paisaje. Ya se había hecho completamente de día.

Llegamos a Barcelona 2 minutos antes del horario previsto. Aún en el avión, llamé a mi madre. ¡Ya me estaba esperando en el aeropuerto! Hacía una hora que estaba allí, pues se había confundido con mi horario. Sentí una alegría MUY GRANDE al comprobar lo contenta que estaba de verme de nuevo. Aunque lo había pasado muy bien en la India, yo también estaba feliz de verla. Una madre, es una madre, y la mía,… es una maravilla.

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