Luna llena sobre Bombay

Viernes, 29 de enero

Esta mañana hemos quedado con Pinky, la nuera de los Thakur. Nos vamos a ver un centro comercial en el que Ashita y ella acostumbran a hacer sus compras. Básicamente en este shopping había tiendas de ropa, zapaterías, tiendas de alfombras y joyerías. Hemos estado curioseando y ellas han comprado cada una un kurta estampado. Ashita para ella y Pinky para su madre. Aunque las cosas que hay aquí no son feas y son de muy buena calidad, no me parece que puedan llevarse fácilmente en España. Las modas en la India y en Europa son muy diferentes. En las zapaterías por ejemplo, sólo había sandalias. Todas con llamativos empeines de pedrería y lentejuelas. Me gustan las cosas indias, pero no me veo vestida así en mi trabajo, por ejemplo. Por otra parte, los precios son prácticamente los mismos que en Europa, me parecen carísimos para el nivel de vida de la India.

En cuanto a las joyerías, es espectacular lo que tienen. En una hemos visto una vitrina llena de broches y me he acordado de mi tía Pier. Una vez me regaló uno muy bonito que no tiene nada que envidiar a los que allí había…

Cuando nos hemos cansado de ver tiendas, nos hemos sentado en la cafetería para tomar un café. He sido yo la que se ha acercado a la barra y… ¿qué había en una de las vitrinas? ¡Si!¡Unas apetitosas samosas! Me he comprado dos y me las llevo a casa para comer… ¡Por fin!

Como nos sobraba tiempo hasta la hora de la comida, Pinky ha sugerido que fuéramos a una tienda que le gusta mucho. Es de un diseñador de moda indio que se llama Tharun Tahiliani. ¡Madre mía! Esta tienda si que me ha gustado. ¡Qué saris, qué tops, qué chaquetas, qué vestidos, qué bolsos! ¡Precioso todo! Unas telas exquisitas y unos diseños maravillosos. Al estilo indio, si, pero muy que muy elegantes. Ahora bien, unos precios escandalosos. A diferencia de lo que pasa por lo general en las tiendas indias, donde los dependientes no te dejan en paz -tan amables y serviciales quieren ser, resultan molestos y agobiantes-, en esta boutique de súper lujo, hemos podido mirarlo todo, probarnos lo que nos apetecía sin que nadie nos hiciera ni caso. ¡Qué gusto! Para colmo, la tienda estaba en un palacete de época enfrente de la bahía de Bombay.

Por la tarde, Ashita y yo hemos ido a ver el museo de Gandhi. (Lo único que me quedaba por tachar de mi lista de pendientes). Está en la casa que Mahatma ocupaba cuando estaba de visita en Bombay desde 1917 hasta 1934. Es gratis (uno sólo tiene que dar una propina voluntaria a la salida) y está muy bien hecho.

Gandhi es, a mi entender, una de las principales figuras de la India moderna. Nació en octubre de 1869 en el estado de Gujarat, donde su padre era ministro. Estudió derecho en Londres y luego vivió unos años en Sudáfrica, donde se formaron sus ideas políticas de anti-discriminación y no violencia. Su nombre real era Mohandas Karamchand Gandhi, y el de Mahatma (que significa “alma grande”) le fue otorgado de forma espontánea por sus seguidores y admiradores en 1919, a su regreso a la India. Encarcelado en diversas ocasiones y por varios años, el 30 de enero de 1948 fue asesinado cuando se dirigía a una reunión en Delhi.

El museo me ha gustado muchísimo. La planta baja es como una biblioteca con documentación varia sobre la vida de Gandhi, no nos hemos entretenido demasiado. Las paredes de todo el museo (escaleras incluidas) están salpicadas con fotos o manuscritos originales de Gandhi. Todos enmarcados y con su correspondiente explicación para que el visitante pueda saber de qué se trata, valorar el contenido y conocer mejor la vida de Gandhi. Toda la información está en ingles y en hindi. Por ejemplo, hemos visto una carta enviada a Franklin D Roosevelt y otra a Adolf Hitler.

Manuscrito de Gandhi.

En el primer piso, además de más fotos, está la habitación en la que dormía Gandhi. Muy sencilla pero bonita y luminosa. Llena de unas ruecas donde el defensor de la no violencia se hacía su propio hilo de algodón con el que luego se tejía su ropa blanca característica: dos sencillos rectángulos de tela, con el que se cubría el cuerpo al estilo indio. En esta habitación, es donde Gandhi formuló su filosofía de verdad, no violencia y sacrificio personal y desde donde impulsó la campaña de desobediencia civil de 1932, que acabó con la ley británica.

A la derecha, el cuarto de Gandhi en Bombay.

Pero lo que más me ha gustado ha sido la segunda planta. En ella, hay unas vitrinas en las que se reproducen los más importantes y decisivos momentos de la vida de Gandhi a través de unos muñecos de unos 25 cm de altura, que representan a los personajes protagonistas de cada momento. Están representados en varias decenas de estas vitrinas, desde el incidente en Sudáfrica que le hizo reflexionar sobre el racismo y la marginación, hasta su asesinato y posterior cremación. Me ha parecido muy bonito y muy interesante.

Hoy es mi última noche en Bombay y justamente, los futuros consuegros de los Thakur, los padres de Mítica, nos han invitado a cenar y al cine. Yo me niego tajantemente a ir al cine, porque la película es en hindi. Han insistido tanto, que he ido a cenar, pero con el compromiso por su parte de que no me insistieran para quedarme a la película y me dejaran volver a casa. Además de que sería una situación muy ridícula estar en un cine –donde no se puede hacer nada más que mirar la pantalla- viendo una película de suspense e intriga en la que no entiendes nada (¡si por lo menos fuera un musical…!), es que tengo que hacer la maleta. Y después de la experiencia de hace dos semanas… prefiero hacerlo con tiempo. He comprado MUCHAS cosas.

Así que el chófer de Amita me ha traído a casa después de la cena. Es un hombre muy peculiar. Es muy bajito y en cuanto tiene diez minutos, se queda dormido. Dice Ashita que porque vive muy lejos y tiene que madrugar mucho para llegar al trabajo. Tiene la boca como un ratoncito, los dientes de arriba mucho más hacia fuera que los de abajo y pronuncia de una manera muy extraña. Por supuesto sólo habla hindi, de inglés, nada. Ashita dice que por teléfono, le cuesta mucho entenderle. Además, cuando le llamamos para que venga a buscarnos, su teléfono siempre esta fuera de cobertura y tenemos que esperarle bastante rato. De todas las personas con las que he ido en coche, es el que más toca la bocina. ¡Es un caso! Y Ashita, con lo exigente que es para otras cosas, a este hombre se lo tolera todo. Pero esto no es lo mejor. Lo más pintoresco es que es tan bajito, que la cabeza le queda a media altura entre el asiento y el reposacabezas, con lo cual, no se le ve. No se le ve ni cuando uno se sienta en la parte de atrás, ni cuando viene el coche de frente. Parece que sea el coche fantástico sin conductor a la vista. Y tampoco sé cómo debe ver él la carretera, porque sus ojos sólo quedan un poco por encima del volante. Pero lo ve todo: coches que hacen maniobras peligrosas, viandantes, autobuses que vienen a toda prisa… Y venga a tocar la bocina.

El universo me ha hecho un bonito regalo de despedida. Hoy luce una luna llena espléndida sobre Bombay. Según dice el periódico es la luna más grande (un 15% más) y más brillante (un 30% más) de 2010, si se la compara con el resto de lunas llenas que tendrá este año. Este fenómeno se explica por la órbita de la luna, que es elíptica y justamente ahora, nuestro satélite se encuentra en el punto más cercano a la Tierra. Pues qué suerte he tenido. Qué bonita última noche en la ciudad.

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