Elephanta y otros animales…

Miércoles, 27 de enero – Mi sobrinito Charly (y ahijado) cumple 10 años

Hoy es miércoles y Ashita tiene su clase de pintura. Balaraj estará ocupado todo el día, así que yo he decidido que hoy es el día para mi excursión a la isla de Elephanta. Hace tiempo que tenía ganas de visitar este lugar, pero como necesitaba –por lo menos- cuatro horas, no había encontrado hasta hoy el momento adecuado para ello.

Bien.

Los barcos a isla Elephanta salen del muelle que se encuentra justo bajo “La puerta de la India”. Allí es donde me ha dejado Abdul tras unos 45 minutos de atasco bombayino y tras dejar a Balaraj en su oficina. Ya estoy tan acostumbrada al tráfico de Bombay, que casi no oigo los pitidos de los coches y se me pasa el tiempo volando en los embotellamientos.

Una vez me he bajado del coche, todo ha ido rapidísimo: al acercarme a la taquilla en donde se compran los tickets para el barco a Isla Elephanta, un hombre me ha ofrecido el boleto.

En el interior de la taquilla, la persona que allí trabaja, en lugar de estar sentada frente a la ventanilla que conecta con el público, estaba sentada al fondo de la taquilla, leyendo un periódico. Así que, le he comprado el ticket al hombre que estaba de pié fuera de la taquilla, porque me ha parecido que el ticket que me ofrecía era “oficial”. Además era la versión “deluxe” que yo quería: por veinte rupias más incluye un tour guiado en inglés. Para mí este punto es importante y el precio es ridículo.

Ese hombre, que a todas luces no trabajaba para la compañía de los barcos, tenía todo un talonario de tickets en la mano. ¿Cómo será el asunto? ¿Será que compra varios tickets al taquillero a precio de grupo y luego los re-vende unitariamente a precio normal y se queda la diferencia? No sé, pero yo no he tenido ningún problema con mi ticket. Y desde la taquilla, hasta el barco, he encontrado a varios de estos “voluntarios” -que sin uniforme ni nada-, me iban indicando (al fijarse en el ticket que yo llevaba en la mano) por donde tenía que ir, y me informaban que el barco de las once estaba a punto de salir. En efecto. He subido y el barco ha zarpado.

Los barcos son una especie de “vaporeaos” de dos pisos. El de arriba es como una terraza. Al intentar subir, me ha dicho otro “voluntario” que estaba apostado en las escaleras, que tenía que pagarle 10 rupias, si quería ir arriba. No problem, he pagado. Diez rupias son algo menos de unos 20 céntimos de euro… y vale la pena por disfrutar de mejores vistas y aire puro… aunque se lo invente el tipo de las escaleras… El viaje ha durado hora y media. Me ha sorprendido que, en todo el barco, sólo éramos dos personas NO indias. Una chica inglesa y yo. El resto de pasajeros-turistas eran indios. Había muchas parejas jóvenes (de entre 25 y 35 años), familias y grupos de amigos (en este caso, sólo chicos y muy jóvenes, de menos de 25 años). O sea, que se sigue confirmando el hecho de que hay una clase media emergente en India, que dispone de dinero y que lo quiere dedicar al ocio turístico. La visita a Elephanta, es -además de una excursión muy agradable- una actividad cultural, porque lo que hay en esta isla, son unos templos del siglo segundo antes de Cristo excavado en roca volcánica.

Al desembarcar, me ha abordado un hombre, diciéndome que era un guía local y que me podía enseñar la isla. No me ha dejado tranquila en todo el camino por el muelle hasta la zona comercial de Elephanta. Sólo se ha despegado de mí cuando le he confirmado que NO iba a pagarle nada extra (quería 250 rupias) porque ya tenía contratado el tour guiado en inglés. Era MUY pesado. Y no me ha dejado ni coger el trenecito que hay hasta la isla ni parar en ninguno de los puestos turísticos donde vendían dulces, fruta y souvenirs. ¡Qué plasta!

En cuanto me ha dejado en paz, he disfrutado muchísimo de la isla. Para llegar a la zona donde están las ruinas de lo que debió ser un impresionante templo hindú, se atraviesa una especie de túnel de chiringuitos turísticos. La luz en este túnel es azulada, debido a que las lonas que lo cubren, tienen este color.

Resulta muy divertido y hay muchas cosas, sobre todo, collares, pulseras y pendientes hechos con piedras semipreciosas: turquesas, lapislázuli, coral… Son baratísimos y para que el turista pueda comprobar que las piedras son auténticas (y no de plástico) las queman con un mechero. Lo mismo hacen con la perlas. He comprado alguna que otra cosa que me ha gustado. También he comprado una botella de Pepsi india, que tiene un sabor muy raro… aunque me gusta. Aquí hay más Pepsi que CocaCola.

Una vez arriba, hay que comprar la entrada para acceder a los templos. Aquí otra curiosidad de la India. Los precios de las actividades turísticas “oficiales” siempre resultan más económicos para los indios que para los extranjeros. Y hay una gran diferencia. Por ejemplo, el acceso a Elephanta cuesta 250 rupias para mí, pero sólo 10 rupias para un nativo. Es decir, ¡25 a 1! Para un europeo, 250 rupias no es demasiado dinero: vienen a ser unos 3 euros. Pero llama la atención esta diferencia. A mí, no me parece mal que se beneficie a los indios, sobre todo si tenemos en cuenta que durante la época colonial inglesa, se les discriminaba escandalosamente. Por ejemplo, no dejándoles acceder a determinados lugares que estaban reservados –únicamente- a los ingleses y occidentales en general. No importaba la clase social de los indios, no podían entrar. Tal era el caso, por ejemplo, del maravilloso hotel Taj Majal de Bombay. Así que, considero una especie de justicia social que los indios tengan estos privilegios ahora en su propio país. Eso, y que para ellos 250 rupias supone mucho más esfuerzo económico que para nosotros…

Al acceder al recinto cerrado en el que se encuentran los templos de Elephanta, lo primero que uno se encuentra es un enorme cartel donde advierte de la existencia de monos y de su peligrosidad. Decía el cartel, que los monos demostraban un comportamiento agresivo, pudiendo atacar a las personas, sobre todo para robarles cualquier alimento que éstas portaran. Me pareció un aviso un poco exagerado, la verdad.

Pues me he dirigido hacia el primer templo. Y de pronto, un mono ha empezado a correr hacia mí, emitiendo unos gruñidos muy amenazadores. ¡Quería quitarme la botella de Pepsi! Uno de los guías lo ha espantado a gritos. Yo me defendía levantando la botella y amenazándole con darle una patada, por lo que el mono no ha llegado a tocarme. Pues parece que el cartel ¡no exageraba nada de nada! El guía me ha recomendado que guardara la botella en el bolso y lo he hecho.

Lo que hay en isla Elephanta impresiona. Se trata de un laberinto de templos y tallas excavados en roca y dedicados al dios Shiva. El trabajo de las tallas del interior es considerado como uno de los más espectaculares de la India. El guía nos ha explicado las leyendas y las historias de los dioses y diosas allí representados. Resulta especialmente impresionante la altura de los techos y el tamaño de las figuras (algunas de hasta seis metros), si uno tiene en cuenta que todo eso no ha sido construido, sino excavado en la roca de basalto que forma la isla.

El guía nos ha explicado, que mientras en una construcción normal se trabaja de abajo arriba, cuando se trata de excavaciones en roca, el proceso es justamente el inverso, y se va tallando la piedra de arriba hacia abajo. El diseño arquitectónico de los templos es realmente impresionante, lo mismo que la perfección con la que está realizada. Todos los templos hindús están orientados al este, para que al amanecer, los altares reciban la luz del sol directamente. Sigo pensando que los indios son personas muy amables y comunicativas. El guía oficial, no quería aceptar mi propina de 100 rupias, pero le he obligado. Me ha parecido fantástico el trato que nos ha dado: sólo estábamos dos personas, un chico suizo –un tanto arrogante que decía no entender al guía porque su acento inglés era muy malo y me ha caído fatal por eso- y yo.

Cuando he recorrido a solas las pequeñas excavaciones laterales que no estaban incluidas en el tour, el hombre de una pareja que estaba haciéndose fotos en uno de los templos, me ha preguntado si quería que me hiciera una foto a mí dentro del templo, con mi cámara. ¡Ni lo había pensado, pero si! ¡Gracias!

Esta amabilidad tan desinteresada y este interés en hacer felices a los demás, me llama mucho la atención en la India. He pasado más de una hora de lo previsto paseando por Elephanta, pero es que realmente, me ha gustado mucho esta visita. Antes de irme, le he dado lo que me quedaba en la botella de Pepsi a un mono, para ver si sabía abrirla y beberla. ¡Por supuesto! En cuanto me ha visto enseñarle la botella, ha venido hacia mí como una exhalación, la ha cogido, se ha sentado a medio metro de mí, ha desenroscado el tapón perfectamente, y se ha puesto a disfrutar de la bebida. Cuando ha terminado, ha dejado la botella por ahí tirada. ¡Vaya con el mono!

El barco de vuelta era más rápido que el de ida, y sólo ha tardado 45 minutos. Hemos desembarcado igualmente en la “Gateway of India” y he aprovechado para entrar en el hotel Taj Majal, poner el sello y enviar unas postales y refrescarme en los lujosos lavabos del lobby. De nuevo, el personal del hotel ha sido extra-amable, y el recepcionista que me ha franqueado las postales hasta se ha interesado por mi estancia en Bombay de forma muy respetuosa y agradable.

Luego he seguido por la calle más comercial de Bombay, que se llama Mahatma Gandhi, y he visto muchos de los principales monumentos de la ciudad: la Universidad, la Biblioteca, el Museo Príncipe de Gales… En esta calle, caminando a mi lado, un chico de unos treinta y tantos, también me ha preguntado que qué tal lo estaba pasando en la ciudad, para luego contarme que él era estudiante de la universidad, que estudiaba historia antigua de la India y que por eso hoy había ido a Elephanta. Supongo que debe haberme visto en la isla o en el barco, pero yo en él no me había fijado. Así que me ha sorprendido que los dos hubiéramos estado en el mismo sitio hoy. Hemos seguido caminando y charlando hasta que hemos llegado a Fabindia.

He parado a tomar un tentempié en mi coffe shop favorito, que está en el primer piso de esta tienda de productos textiles de la India. Yo quería comerme una samosa, que es una especie de empanadilla que hacen aquí con distintos rellenos, y puede ser frita o al horno. Pero no tenían. Así que me he conformado con un bagel de queso fresco y tapenade, un brownie y un café con leche. ¡Mmmmm! ¡Qué bueno estaba todo! Especialmente el café, bebida que echo mucho de menos, ya que en casa de los Thakur, siempre se toma té. Al acabar mi piscolabis, he comprado algunas bagatelas para llevar de regalo a España y he continuado hasta la oficina de Balaraj, donde éste me esperaba para ir a casa.

Hoy tenemos cena fuera. Así que nos hemos arreglado y hemos cogido el ascensor. La casa donde vamos a cenar, está en el piso quince de este mismo edificio. Para beber, me han dado vino blanco. Estaba buenísimo y como hoy he pasado mucho calor y he andado mucho, pues he bebido unas cuantas copas. Me han sentado fenomenal y hemos pasado una velada súper agradable. En la casa había un perro muy divertido, que se llama Tess, y que todo el rato se sentaba a mi lado. ¡Qué gracia!

Lo he pasado pero que muy bien. Toda la gente allí era muy interesante y educada, a la mayoría los conocí en Barcelona (en la inauguración de la exposición fotográfica de Balaraj) o en la fiesta de compromiso de hace dos sábados, con lo que me sentía muy cómoda. Además, la conversación fue muy agradable y la comida buenísima. Hemos comido en unos platos de plata labrada, supongo que antiguos, que son una verdadera preciosidad. Y eso ha sido un placer más que añadir a la velada. Ya me estoy acostumbrando también al picante, y resisto muy bien los platos súper especiados de la India. Creo que de vuelta a España, incluso los echaré de menos. Y ya falta poco para ese día…

AVISO PARA NAVEGANTES: Sigo sin tener buena conexión a Internet, así que, lo que hago es cargar lo que antes he escrito en Word en el blog, programando su publicación cada 24 horas más o menos. ¡Por eso puede ser que tarde algún día en aprobar un comentario! ¡Que nadie se extrañe! Si no lo hago antes, es porque no he podido conectarme…

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