Un día movidito en Mahalabeshwar

Lunes, 25 de enero – Cumpleaños de Francisco de Goya

Aunque queríamos levantarnos pronto para ir a ver el amanecer desde el punto más alto de Mahalabeshwar, el exceso de vino de ayer y lo tarde que terminó la velada, han hecho imposible el madrugón. La verdad es que yo he dormido como una princesa en mi cama con dosel de hace 150 años.

Tras el té y las galletas, Balaraj, Ashita y yo nos hemos ido a un nuevo mirador. En este caso el de Kate, es decir “Kate’s point”. A mí me ha parecido muy bonito, pero los Thakur estaban indignados. Es que, debido a que la economía de la India crece a un ritmo muy rápido, está emergiendo una numerosa clase media, que empieza a demandar más ocio. Entre otros, turismo. Así que en Mahalabeshwar proliferan los chiringuitos, los barcos de alquiler en el lago, toda clase de juegos y pasatiempos: por ejemplo los circuitos para miniquads, los campos de Paint Ball, los caballos y… ¡hasta los camellos!

Pero sobre todo, están muy molestos con la gente incívica que tiene más dinero pero no tanta educación y que ensucian los lugares más bellos con bolsas, papeles y botellas y que por su mal comportamiento impiden que otros disfruten de la belleza de algunos lugares.

Algo que disgusta especialmente a Ashita es que los hombres escupan por todas partes: la verdad es que es una costumbre muy extendida en la India y da un poco de asco. Los hombres mascan una especie de tabaco, que produce mucha saliva y una sustancia rojiza, así que, van escupiendo por doquier. Es asqueroso. Yo estoy de acuerdo con los Thakur, los indios deberían tener un poco más de educación y comportarse de manera más cívica, pero me alegra mucho comprobar que en la India está creciendo la clase media. Eso significa, que la población está iniciando una evolución hacia el desarrollo. Que la sociedad prospera, que la pobreza es cada vez un poco menor. Y desde mi punto de vista, esta es una buena noticia. Lo de la suciedad y la falta de civismo, no se arreglará de un día para otro, pero puede mejorar mucho con una buena política educativa y con campañas de concienciación, ¿no?

Tras el paseo por el mirador de Kate, hemos ido al bazaar, o sea, al mercado del pueblo. Aquí, además de artesanía y productos típicos, hay miel, fresas, frambuesas y todo tipo de frutas del bosque con sus correspondientes mermeladas. He comprado un par de sandalias, una colcha y el sari naranja para Bella Todoterreno.

Luego hemos salido a comer los cinco: Balaraj y Ashita, Absú y Mítica y yo. Hemos ido al club deportivo en el que Balaraj Thakur pasaba el tiempo cuando era pequeño. Había mesas de billar americano, mesas de ping pong, pistas de tenis, mesas de juego (damas, ajedrez, …) No era nada elegante, sino todo lo contrario, un tanto viejo y cochambroso pero nos lo hemos pasado muy bien y la comida ha sido deliciosa. Eso si.

Por la tarde Ashita y yo teníamos hora en el un moderno spa que han abierto en a las afueras del pueblo para un masaje ayurvédico. Yo nunca había recibido un masaje así. ¡Qué pasada! La sesión ha sido de una hora y cuarenta y cinco minutos que se me han pasado volando. En la cabina de masaje: dos masajistas, la camilla y yo. Música india relajante de fondo y un ligero aroma a hierbas procedente de los aceites que se estaban calentando en un rincón. Creo que no ha quedado un milímetro de mi cuerpo sin masajear y sin untar con ese aceite aromático. Primero, aún sentada, el cuero cabelludo. Enterito. Luego el cuello. Cuando me he tumbado en la camilla, primero boca arriba, le ha tocado el turno a mi cara. Ha sido la única zona en la que en lugar de aceite caliente, han usado crema hidratante. Menos mal, sino, ¡me saldrían muchos granos al día siguiente! Tras terminar con el masaje facial, han empezado a trabajar las dos masajistas al mismo tiempo. ¡Increíble! Su sincronización era tal, que de tanto en cuanto yo abría los ojos para asegurarme que seguían siendo las dos las que presionaban –exactamente con la misma intensidad- y las que deslizaban sus manos arriba y abajo –exactamente al mismo ritmo- por mis brazos, piernas…

Por lo que me han explicado, el masaje ayurvédico se diferencia de un masaje normal en dos cosas. La primera en la presión que ejercen los masajistas, en el masaje ayurvédico es algo mayor. Por eso, sobre todo al principio de la sesión, las chicas me preguntaban constantemente si la presión que hacían estaba bien para mí. ¡Si, si! Me gustan mucho los masajes intensos… La segunda diferencia está en la aplicación de las hierbas medicinales que dan su aroma al aceite caliente que se utiliza para facilitar el masaje. Y para administrar estas hierbas aún mejor, la segunda parte del masaje ha consistido en pequeños golpecitos con una especie de campana maciza (de unos 10cm de base) recubierta con una toalla. Mientras una de las masajistas se dedica a recorrer el cuerpo con la campana, la otra vuelve a calentar la campana recién utilizada, con lo que siempre se utiliza una campana caliente y bien impregnada en el aceite de las hierbas medicinales que caracterizan el Ayurveda. Tras la hora y cuarenta y cinco minutos de masaje, diez minutos de sauna extra vaporosa para abrir bien los poros. Luego una ducha. ¡Qué placer!

El masaje me ha dejado como nueva y llena de energía. Felices y relajadas, hemos vuelto a casa y tras recoger a Balaraj, hemos salido hacia el único mirador que nos quedaba por ver, el que se llama “Wilson Point”.

La particularidad de este lugar es que es el más alto de la zona y se encuentra en la cima de una montaña. Hace unos cien años, este mirador era un campo de prisioneros chinos. Todavía quedan las bases de cemento de lo que eran sus barracones. Y me ha contado Ashita que no había vallas ni muros para impedir la huída de los chinos, porque había por aquel entonces tantos animales salvajes en la zona, que al intentar descender de la montaña para escapar, los pobres chinos eran devorados sin posibilidad alguna de defenderse. Así que, no se escapaban. Estos chinos eran obligados a construir muebles, los que hay en el porche de la casa de los Thakur, proceden de esta singular artesanía… Hemos disfrutado de una puesta de sol impresionante, porque una de las particularidades del “Mirador de Wilson” es que se ve como se pone el sol por una parte y como aparece la luna por la otra. Es algo diferente y muy especial.

Esta noche, cenamos en casa, pero primero, hemos vuelto a hacer una hoguera en el jardín y a colocar a su alrededor, sillas, mesas, lámparas y el equipo de música. Aquí hay mucha costumbre de beber alcohol antes de la cena. Balaraj con su whisky de malta, Absú bebe ron y yo vino tinto. El mismo Cabernet Sauvignon de ayer.

Al llegar la hora de la cena, hemos pedido que nos la sirvieran allí mismo, alrededor de la hoguera. En parte porque lo estábamos pasando muy bien –el alcohol ya empezaba a causar sus efectos y la risa tonta era la protagonista principal de las conversaciones- y en parte porque dentro de la casa hace mucho frío y se está mejor frente al fuego. Tras la cena… ¡hasta hemos bailado alrededor de la hoguera! Sonaba por entonces “Let’s twist again”… Ha sido un día memorable y una excelente despedida de Mahalabeshwar. Mañana, nos volvemos a Bombay. Casi me da pena.

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1 comentario

  1. Bella Todoterreno said,

    2010/01/29 a 0:14

    Mimi,
    Es que me encanta tu glamour, ya te veo en la hoguera con tu copa de vino tinto bailando alrededor del fuego. Menudas vacaciones te estás pegando! y yo aqui muerta de frio! Creo que lo mejor es que vaya a la India a buscar el sari que me has comprado, lo luciré mejor en la casa que estás, no? Muchas gracias por acordarte, SMUAC!
    Bella Todoterreno


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