La India es así

Domingo, 24 de enero

Hoy es domingo. Nos hemos levantado pronto porque tenemos un largo viaje por delante. Nos vamos a las montañas de Mahabaleshwar que están a unas 3 horas de camino de Alibaug, en dirección hacia el interior.

Al saber la duración del viaje, le he preguntado algo preocupada a Balaraj si íbamos a circular todo el tiempo por carreteras como las de Alibaug… “¡No!”- me ha contestado-  “Vamos a ir por carreteras principales y son muy buenas.” ¡Ah! ¡Qué alivio!, he pensado yo.

Así que hemos hecho el equipaje, lo hemos cargado en el coche y nos hemos puesto en ruta a las ocho y media. Balaraj iba al volante. Tras una media hora en la que he tenido el corazón en un puño, he decidido dejar de mirar hacia delante y concentrarme únicamente en lo que se veía a través de mi ventanilla del asiento de atrás. Y es que la conducción por las carreteras de la India (siempre y cuando uno no se vea atrapado en un atasco) es una verdadera carrera de obstáculos en la que hay que sortear a todo tipo de vehículos en un frenético zigzag que se vuelve especialmente peligroso debido a los que también circulan y adelantan, pero en sentido contrario. Un verdadero sin vivir.

Voy a intentar describir los distintos vehículos y usuarios de las carreteras en la India por orden de velocidad punta estimada….

En primer lugar estarían las personas que van a pie. En su mayoría cargando pesados fardos o una especie de cántaros metálicos en la cabeza. Aunque andan bastante cerca del límite de la carretera, hay que sortearlos con cuidado.

Luego les siguen los carros tirados por bueyes. Estos animales son muy tranquilos y se mueven despacio. Sólo en dos ocasiones he visto los carros con los bueyes al trote. Al galope, nunca. Y cuando van al paso, van bastante despacio (aunque algo más rápido que las personas, claro).

Lo siguiente son las bicicletas. Hay muchas, a veces, adelantando a personas y carros. La mayoría de ellas, llevan pasajero, aunque no tienen un asiento ni estribos apropiados para ello. Lo más peligroso de las bicicletas es que ninguna tiene luz, con lo que por la noche, prácticamente son invisibles hasta que las tienes encima.

Los que siguen en velocidad, son los rickshaws: una especie de vehículos de tres ruedas motorizados. En su mayoría dedicados al transporte público. Taxis, vamos.

Se parecen mucho a los “huevo-carros” que había hace bastantes años en España.

Hay muchísimos de estos vehículos por todas partes, tanto en las ciudades como en las carreteras.

Motos. Es lo que seguiría ahora. Hay muchísimas.

Aquí los motoristas no utilizan casco y muchas veces en una moto van montadas tres y cuatro personas, a veces niños pequeños. En su mayoría son motos medianas (creo que de unos 125 ó 250cc) y la marca que más he visto es Honda Hero. También hay vespas. No hay scooters.

Me ha llamado especialmente la atención la prudencia en el estilo de conducción de los motoristas. No hacen maniobras arriesgadas ni “compiten” con otros vehículos como pasa en España. Supongo que los que se comporten de otra manera no sobreviven y por eso no se ven…

Los camiones y autobuses, son bastante grandes (sobre todo bastante anchos) y van a una velocidad similar. Pero muchas veces, se adelantan entre ellos. Esta maniobra, debido a la velocidad similar que desarrollan, se demora bastante tiempo, con lo que resulta especialmente peligrosa. Los conductores de camiones y autobuses cometen muchas imprudencias, a mi entender.

Y finalmente, tenemos los coches. Los hay mejores y peores, pero son los vehículos más rápidos.

Al igual que en las ciudades, el claxón es ampliamente utilizado para avisar al resto de vehículos, sobre todo cuándo se les va a adelantar. Los que vienen en sentido contrario, utilizan las luces para avisar de su presencia, o para llamar la atención cuando creen que el que viene en sentido contrario no va a tener tiempo suficiente como para terminar la maniobra de adelantamiento.

A nosotros, no nos ha adelantado nadie en todo el camino; en cambio, calculo que hemos hecho un adelantamiento por minuto. Un verdadero horror.

Por otra parte, aquí las carreteras son muy singulares. Cuando Balaraj me dijo que íbamos a circular por carreteras “muy buenas” me imaginaba yo autovías o algo así… ¡Qué va! Aquí, una carretera buena, lo es porque, además de estar razonablemente bien asfaltada, es algo más ancha que las “carreteras malas”, y, sobre todo, tiene pintada la raya en medio que delimita los dos carriles por los que se circula en sentido contrario.  En la India, como en Inglaterra, se circula por la izquierda. Eso si, esa raya, siempre es discontinua; es decir, es sólo una línea de separación, no indica si se puede o no adelantar… En algunos tramos, incluso también están pintadas las rayas de los lados, pero en nuestro camino hasta Mahabaleshwar, sólo tuvimos esa fortuna un 25% del tiempo, diría yo…

Además de la vorágine de adelantamientos, lo que más me ha sorprendido es que hemos pasado por ¡¡¡DOS PEAJES!!!. Si, si, ¡hemos tenido que pagar por circular por semejantes carreteras…!

A pesar de todo, tengo que decir que no he visto ningún accidente. Lo cual me sorprende muy positivamente.

Efectivamente, al cabo de unas tres horas, llegamos a la casa que los Thakur tienen aquí. Es una casa que el bisabuelo de Balaraj adquirió en 1897 a una dama inglesa. Es una casa preciosa, que conserva todo el encanto de la época victoriana. Uno aquí, se imagina perfectamente cómo debía ser la vida entonces. Todo se ha conservado: el mobiliario, la decoración, el estilo del jardín… Es una verdadera delicia esta casa.

Además, como este lugar se encuentra a 1.375m de altitud, la temperatura es muy fresca. Ahora que es invierno, incluso hace frío. Yo llevo zapatos, calcetines y dos jerseys encima de mi camiseta de algodón… ¡y tengo frío! La temperatura cuando se pone el sol, es de unos 13ºC. Esta es la razón por la que Mahabaleshwar era utilizado ya desde la época de los ingleses como lugar de residencia de verano: el calor en Bombay en el periodo estival es insoportable, según me dicen los Thakur. Así que, Balaraj, tanto de niño como ahora, pasaba la mayor parte del tiempo de los meses de verano en esta casa.

Hemos comido de forma muy informal y por la tarde, hemos decidido ir a dar un paseo. En la casa están también -pasando el fin de semana- los novios a cuya fiesta de compromiso asistí cuando aún no se habían cumplido 24 horas de mi llegada a Bombay. Absú y Mítica. A pesar que los Thakur decían que iba a haber mucha gente, Absú estaba empeñado en dar el paseo hasta un lugar llamado “El mirador de Bombay” (en inglés Bombay Point). Tanto Balaraj como Ashita insitían en que habría mucha gente, pero nada, hemos decidido ir allí. Yo estaba por la moción, porque en la guía que tengo de la zona, pone que es una de las vistas más bonitas y uno de los puntos más valorados.

Así que hemos empezado a caminar por un camino forestal precioso llamado “Tiger Path”, o sea, “El camino del Tigre”. Es que hace cien años, en esta zona había tigres, leopardos, panteras, chacales y otros animales salvajes. Ahora sólo quedan monos. Pero hay muchos y causan bastantes destrozos. Pues, el paseo por el “Tiger Path” ha sido muy bonito, y los Thakur han insistido en desviarnos un poco antes de dirigirnos al Mirador de Bombay, para observar la puesta de sol en otro mirador, llamado “Karnak Point”.

¡Pues menos mal! Desde el mirador de Karnak hemos visto una preciosa puesta de sol sobre las montañas, porque lo que es el “Bombay Point” ¡no hemos podido ver nada! ¡Estaba atiborrado de gente! Pero tanta gente, que no podíamos ni llegar a la barandilla del mirador, ni por supuesto contemplar ninguna puesta de sol sobre las montañas.

Yo, si no lo veo, no lo creo. Esto sólo puede pasar en la India. Deberíamos haber hecho caso a la voz de la experiencia…

Y no sólo había gente, había caballos, vendedores ambulantes, coches, autobuses… Resulta que esta zona se ha convertido en un atractivo lugar turístico para la emergente clase media india, sobre todo para los que habitan en Bombay y en la provincia de Gujarat. Salir de allí, ha sido una odisea, porque no podíamos volver por el camino forestal al haberse hecho de noche y hemos tenido que atravesar el enorme atasco que se ha formado.

Al volver a casa hacía mucho frío. Así que Absú ha organizado una hoguera en medio del jardín. Hemos estado fenomenal alrededor del fuego, bebiendo un vino tinto exquisito de la variedad Cabernet Sauvignon, que es mi preferida, y teniendo una interesantísima conversación sobre la vida y el equilibrio entre sus distintas facetas, sobre los proyectos e intereses de cada uno y sobre las bondades del compromiso.

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2 comentarios

  1. Carlos Olmo said,

    2010/01/27 a 3:42

    Pues yo me he tomado a tu salud un sauvignon blanc aquí en Nueva Zelanda, que está buenísimo y barato. A los medios de transporte que mencionas añadiría dos bastantes habituales en algunas zonas de India, los camellos y los elefantes, que en sitios como Jaipur son comunes. Lo que no sé es en donde ponerlos en velocidad media.

    • mimiglamur said,

      2010/02/01 a 6:35

      Ja, ja… Pues me ha sentado muy bien el Sauvignon Blanc…¡Gracias!


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