Qué estrés más tonto…

Miércoles, 20 de enero

A primera hora he sabido que esta noche, tenemos que asistir a un evento de compromiso. ¿Otra fiesta? Si. Se trata de unos familiares de la nuera de Ashita y Balaraj, y no podemos faltar. Y esta vez, no puedo ir vestida de occidental, tengo que ir al estilo indio, porque los Thakur no son los anfitriones y no puedo desentonar. Ashita me buscará algo que ponerme en su armario. No vestiré un sari, sino un conjunto de pantalón y kurta, que también es apropiado para una ocasión de compromiso. La fiesta, de nuevo es aperitivo, cena y baile.

Todos estamos muy ocupados hoy. Ashita tiene su clase de pintura y estará fuera todo el día. Balaraj tiene una reunión de trabajo, que también le tendrá todo el día “fuera de cobertura”.

Balaraj y yo, hemos salido sobre las diez y me ha dejado en la oficina de correos del barrio porque tengo que mandar las postales que compré ayer. Hay sobre todo dos muy importantes, una para Olivia y otra (que va en sobre para que los metiches de su casa se mueran de curiosidad) para un tal Bond, James Bond. ¿Estás contento, 007?

Justo enfrente de la oficina de correos hay un parque con unas vistas espectaculares sobre la bahía de Bombay, y Balaraj me ha recomendado que lo visitara. Después, mi plan es andar hasta la zona de tiendas, donde vendrá Abdul a recogerme. Como Balaraj hoy no lo necesita, tendré chofer todo el día. ¡Qué lujo!

He visto que justo enfrente del parque que me ha señalado Balaraj en el mapa, hay otro cuya entrada se ve magnífica. Ambos están en el mismo cruce de calles que la oficina de correos. ¡Nunca hubiera pensado que había un parque tan bonito en este barrio residencial en que vivimos y que se llama Malabar Hills! He disfrutado muchísimo del paseo por el parque, las plantas, muchas y muy hermosas, están perfectamente cuidadas. Se nota que a los jardineros que allí trabajan les gusta su tarea, porque hasta se dedican a podar los setos con formas de animales. Eso, junto con este clima tan cálido y húmedo de Bombay, dan como resultado un parque exuberante que ha sido un verdadero placer recorrer.

He cruzado la calle y he visitado el otro parque. Este no es tan bonito en sí, pero, efectivamente, las vistas sobre la bahía de Bombay son espectaculares. Lástima que hoy haya una ligera bruma que no me ha permitido sacar unas fotos nítidas. En este parque, no hay plantas tan espléndidas como en el otro, lo que hay en este parque por todas partes son… ¡niños! Si. Debe ser la hora de la comida (aunque sólo son las once), pero el parque está lleno de niños, los más pequeños con sus maestras, que comen o corren por ahí. Hay cientos. A ninguno se le ha pasado por alto mi presencia. Supongo que tengo para ellos una pinta muy rara y no están acostumbrados a ver turistas. Ha sido muy divertido, porque me saludaban (yo correspondía) y eso les hacía mucha gracia. Algunos, al ver mi cámara, hasta pedían que les hiciera fotos. Es por ejemplo, el caso de los niños de la escalera, que cuando me he despedido con la mano, todos han hecho lo mismo mientras gritaban lo que supongo que en hindi debe ser “Adios”.

Justo cuando estaba saliendo del parque me ha llamado por teléfono Ashita para informarme de lo que había organizado para mí. Tenía en mi armario un traje al estilo indio, de color negro (a base de pantalón y kurta) que era el que podría lucir por la noche. Si no me gustaba o no me sentaba bien, Ashita me buscaría otra cosa, pero ella lo veía muy apropiado. Por otra parte, en casa me esperaban a comer a la una y ya tenía el menú preparado: sopa, ensalada, y un combinado de berenjena y otras verduras. Yo no como nunca sopa en verano (porque para mí, el clima que hay ahora en Bombay y que ronda los 25-26ºC es pleno verano), pero en Bombay, es invierno, y por eso casi todos los días hay sopa. A mí me encanta la sopa, y no me importa comerla, pero me hace gracia tomar tanta sopa en verano, vestida con camiseta y sandalias…

He salido del parque en dirección a la zona de tiendas, consciente de que me había entretenido demasiado para el día que me esperaba. A las 2 tenía que ir a la clase de cocina de Asha Thakau. ¡Si! Finalmente mi agenda me lo permitía y la verdad es que me hace mucha ilusión ir aprender a cocinar con una escritora famosa… Pero antes, quería comprarme unas sandalias de tacón para lucir por la noche, los zapatos que he traído no combinan con lo que me ha preparado Ashita.

En la zapatería… ¡me he probado más de 20 sandalias! El dependiente, era tan amable, que me sacaba incluso las que yo no había pedido, diciendo que eran muy bonitas para mí. Y sentado en el suelo, él mismo me ha calzado todo lo que me he probado. Al final, he salido de allí con unas sandalias preciosas y desde luego… ¡baratísimas! Pero con tanta prueba, y tanta parsimonia, he perdido mucho tiempo.

He visto que Abdul ya estaba esperándome en la calle y le he dicho que me llevara a casa. Seguimos teniendo problemas de comunicación, porque Abdul habla muy poco inglés y yo no se decir -pero que nada- en hindi. Su jefe –Balaraj- cuando me dejaron en la oficina de correos, le había dado clarísimas instrucciones sobre lo que tenía que hacer: esperarme en la calle donde acababa de encontrarlo, llevarme a la otra zona de tiendas del barrio (se llama “Candy”), luego a comer a casa y luego a la clase de cocina. Y claro, cuando yo insistía en ir a casa “home”, “house”, él insistía con lo de las tiendas “Candy. Candy. … No Candy?” me decía extrañado, casi preocupado.

Pero es que yo quería primero ver el traje que Ashita me había dejado, para estar segura que no necesitaba comprar nada más. Finalmente, cuando ha visto que yo no cambiaba de opinión, pues ha arrancado el coche rumbo a casa. Abdul y yo seguimos sin hablar cuando vamos en el coche, y hoy, me ha sorprendido muchísimo, porque al pasar por delante de un templo, me lo ha señalado efusivamente, diciendo “temple, temple” como recomendándome que lo visitara. ¡Vaya! Parece que le interesa que vea cosas interesantes en Bombay. Me ha parecido muy bonito su gesto, para no existir –prácticamente- ninguna comunicación entre nosotros.

Entonces me he dado cuenta que no sabía la dirección de donde era la clase de cocina, y he pensado en llamar a Asha para que me lo dijera. He llamado un montón de veces, y no me cogía el móvil. He sentido una cierta intranquilidad. Así que le he preguntado a Abdul si sabía dónde estaba el lugar donde tenía que ir a las 2 y me ha dicho, que si. Pero… ¿y qué piso? ¡Ay madre! no sé cómo llegaré…

Finalmente, me ha llevado a casa y le he dicho casi por señas, que me esperara 10 minutos, que yo bajaba en seguida. He subido, he visto el traje, me lo he probado, y no me ha gustado mucho, además me viene un poco justo y no estoy cómoda.

He bajado como una exhalación, con la idea de comprarme algo indio que ponerme en “Candy”. Abdul me ha llevado a la otra zona de tiendas, y me ha dicho que me esperaba en la calle, un poco más adelante. Me he probado como doce trajes, todos conjuntos de pantalón y casaca, kurta, o similar, pero, tampoco me ha gustado ninguno. Tengo la sensación de que son trajes muy turísticos, y me ha dado mucha pena la cara de decepción del dependiente que me ha ayudado, porque al final, no he comprado nada. Y he empezado a ponerme nerviosa, porque se me echaba el tiempo encima, y no veía nada claro si haría el ridículo por la noche. Tampoco como llegaría a la clase de cocina, cuya dirección exacta no sabía. ¡Buf! ¡Qué estrés más tonto!

En casa la mesa estaba puesta y me han servido enseguida, aunque lo he tenido que pedir por señas. (Tampoco puedo comunicarme fácilmente con los sirvientes que hay en la casa.) Yo he comido lo más rápido que he podido, ya eran casi las dos. He bajado y Abdul ya estaba esperando. Y me ha sorprendido que se haya sentado en el sitio del copiloto otra persona, un chico joven que acababa de abrirme la puerta del coche. Bueno, supongo que debe ser alguien que conoce Abdul y que le llevamos porque nos coge de paso. Pero no me han dicho nada al respecto, ni yo he preguntado. ¿Para qué? No nos íbamos a entender… Hemos llegado a casa de Asha, donde será la clase de cocina. Y sólo entonces, me he dado cuenta, que el chico que había venido con nosotros en el coche, ¡lo había hecho sólo para acompañarme hasta la puerta de la casa! ¡Y yo preocupándome por qué piso era! Supongo que eso lo había organizado Ashita. ¡Está en todo! Me ha acompañado en todo momento, hasta dejar el ascensor en el piso de Asha y después de haber llamado a la puerta.

Una vez allí, he visto sorprendida que la clase estaba muy concurrida. Unas 25 mujeres, de todas las edades, estaban sentadas alrededor de una enorme mesa llena de ingredientes, papel y bolígrafo en mano, dispuestas a aprender lo que nos iban a enseñar. Ellas llevan ya seis meses asistiendo a las clases de Asha todos los miércoles, según he sabido después.

Como al resto de alumnas, me han entregado unas fotocopias con la lista de ingredientes y la receta de lo que íbamos a cocinar: Brownies y un combinado de distintas verduras con arroz, pasta italiana y noddles chinos. Todo ello preparado en unas “Sizzlers” que son unas bandejas de hierro, muy pesadas, que se calientan en el horno a la máxima temperatura posible para que mantengan el calor de los alimentos cuando se sirven en la mesa, lo cual se hace sobre una placa de madera. La clase, aunque ha durado casi tres horas, transcurría muy rápido. Yo me he perdido totalmente, entre la cantidad de ingredientes desconocidos, las unidades de medida utilizadas (que no tienen nada que ver con las españolas) y el inglés. Menos mal que con los apuntes que nos han dado, podré cocinar esos platos porque… cuando ha llegado el momento de probarlos… ¡Madre mía! ¡Qué delicia!

Pero la clase ha terminado una hora más tarde de lo que yo pensaba. El pobre Abdul llevaba esperando todo ese tiempo. Así que, tras probar un poquito los brownies, me he despedido, he agradecido la invitación y he bajado corriendo. Le he dicho a Abdul “hair dresser” porque quería ir a la peluquería y, muy contento, me ha dicho,”Yes, yes”. Ashita me había comentado que había una muy cerca de casa, y he supuesto que Abdul me llevaría a esa. Efectivamente, pero antes de dejarme en la puerta de la peluquería… ¡ojo al dato!… Abdul ha pasado por la puerta de casa, y me la ha señalado hasta que se ha dado cuenta de que me fijaba. Así, seguro que no me pierdo a la vuelta, desde luego que no. ¡Otro que está en todo!

En la peluquería hablaban inglés. ¡Menos mal! He dicho que quería lavarme el pelo. ¿Sólo lavar? Me ha dicho extrañadísima la peluquera… ¡No! Y también secar, claro. He pasado inmediatamente y me han preguntado si quería manicura y pedicura…. ¡Si!…. En menos de una hora me han lavado el pelo (con masaje capilar incluido), me lo han secado, y me han dejado las uñas de pies y manos preciosas. Y todo por el módico precio de 1.100 rupias, que al cambio vienen a ser unos 18 euros. ¡Increíble!

He llegado a casa, súper contenta, y al poco, han llegado también Ashita y Balaraj. Cada uno por su cuenta, en un intervalo de diez minutos. Nos hemos tomado un té los tres juntos en la salita privada y luego, le he dicho a Amita, que no me gustaba mucho el traje negro y me ha sacado otros dos. Al final, me pondré uno rosa… muy mono… y que me sienta bastante bien. Las sandalias le van perfectas.

Cuando nos hemos encontrado los tres en el recibidor, listos para salir, pues Ashita se ha fijado en mis sandalias. Me ha dicho que eran preciosas y si las había comprado hoy. Pero… ¡se fija en todo! La fiesta ha sido mucho más sencilla que la del otro día, aunque la comida, también ha sido buenísima. Al llegar, hemos ido directamente a saludar a los novios, y los Thakur les han entregado un sobre con su regalo. Ellos, lo han agradecido mucho. Aquí, la forma de saludo más respetuosa es agacharse para tocar (o besar, no sé) los pies de la persona a la que se quiere demostrar respeto. Pero nunca he visto a nadie, acabar la maniobra, porque el saludado, antes de que el que saluda llegue a tocar el suelo, le pide por favor que se levante, tocando su espalda cuando la reverencia ya está muy avanzada. Así ha saludado el novio a Balaraj hoy. También he visto que hacen lo mismo las dos nueras de los Thakur con sus suegros.

Yo saludo dando la mano. No sé si será poco respetuoso…

Y esta vez, nosotros no hemos bailado. Resulta que los novios deben ser unos forofos de la danza estilo Bollywood, porque ¡hasta tenían coreografías preparadas y todo! Primero han bailado el novio y otros chicos, una danza como muy rápida y bien coordinada. Luego la novia con un séquito de saris (su baile ha sido más sensual) y luego, los novios solos (con un estilo entre divertido y romántico, como el número final de la película Grease, pero a lo indio). Yo no daba crédito a lo que estaba viendo. Ha sido muy divertido.

Hemos cenado. ¿El qué? ¡¡¡¡ Sopa !!!! Y luego, un bufete vegetariano. En esta fiesta, no había nada que no fuera vegetariano. Y no nos hemos quedado mucho, porque la música estaba muy fuerte y al ser entre semana, estábamos cansados y no queríamos que se nos hiciera muy tarde.

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