La experiencia de un dia tranquilo…

Lunes, 18 de enero

Hoy ha sido un día tranquilo. No he dormido, y por eso supongo que mi nivel de actividad ha sido más bajo de lo normal.

Cuando he decidido que ya era hora de salir de mi cuarto, he ido a la salita privada a ver quién había allí. Estaba Balaraj leyendo el periódico y tomando su té de la mañana. Se ha sorprendido de verme tan pronto, pero también se ha alegrado. Ha encargado que me traigan también a mí el desayuno allí y me ha confirmado que Ashita estaba en clase de yoga.

Hoy es lunes y el sr. Thakur irá a trabajar. Como yo tengo problemas de conexión a Internet con el netbook que he traído y no sabemos la razón, una hora antes de que termine la jornada laboral, iré a a su empresa, para intentar conectarme allí, y para que un informático mire mi ordenador y nos diga qué pasa. Luego, daremos un paseo al borde del mar, de regreso a casa. Así hemos quedado, y después de ir al comedor principal, donde teníamos preparado el plato de fruta de todas las mañanas, se ha ido.

Entonces, ha llamado a Ashita la escritora de libros de cocina con la que cenamos ayer, para invitarnos a acompañarla al mercado. Ella debía ir para comprar los ingredientes con motivo de la clase de cocina que dará el miércoles. Ashita disfruta mucho yendo al mercado, y además, también tenía mucho que comprar. Así que hemos aceptado la invitación.

Todos los lunes, Ashita va a un templo cercano a hacer sus ofrendas y a recibir las bendiciones de los dioses que están allí. La he acompañado. Han sido unos rituales muy sencillos y bonitos, que yo he repetido con ella. Así, también he recibido las bendiciones y un monje me ha hecho una señal en la mano, con un aceite de color naranja.

Tras acabar en el templo, hemos ido a casa de Asha, que nos esperaba ya dentro de su coche. Iríamos todas en el mismo, porque el tráfico hasta el mercado, sería muy pesado. En efecto.

El chófer nos ha depositado en la puerta del mercado, y hemos entrado. La combinación y la enorme abundancia de colores y olores aturden los sentidos. También la cantidad de gente, tanto que compra, como que vende (ya sean sus productos o sus servicios). Por ejemplo, a cada momento, te abordan unos hombres que llevan una gran cesta redonda, para hacer porteadores de tus compras. Nosotras hemos contratado dos: uno Ashita y otro Asha. A partir de ese momento, nos seguían a todas partes, recogiendo las bolsas con las compras y poniéndolas en las cestas, que luego llevaban sobre las cabezas.

Sólo hemos visitado la parte vegetariana del mercado. Los Thakur son vegetarianos estrictos (no sólo no comen carne, sino tampoco pescado) y la mayoría de sus familiares y amigos, también son vegetarianos. A Ashita le repugna el olor que hay en la zona en la que venden la carne, pero me ha dicho que si quería, fuera por mi cuenta. No lo he hecho, porque ya estuve en un mercado muy parecido al de Bombay, en Zanzíbar, y la experiencia de la zona de la carne y el pescado, realmente me resultó muy desagradable.

En general, las personas aquí visten al estilo tradicional indio. Aunque no lleven sari, las señoras suelen utilizar siempre pantalones orientales, sobre los que lucen unos vestidos que les llegan, por lo menos, hasta medio muslo. Los colores y estampados suelen ser muy alegres y vistosos, combinando colores y motivos entre pantalón y “casaca”. Yo no visto así, claro, y tal vez por eso, hoy me he sentido especialmente observada en el mercado. Especialmente por los hombres que allí trabajaban, me miraban a los ojos de una forma tan directa que me incomodaba. No sé si les llama la atención mi forma de vestir o mis ojos claros (aquí casi todo el mundo tiene los ojos muy oscuros), pero resulta muy inquietante sentirse objeto de miradas tan penetrantes y directas.

Al cabo de una hora más o menos, Ashita y yo ya estábamos cansadas del mercado. Así que hemos llamado a nuestro chófer para que viniera a recogernos, dejando allí a Asha, que todavía no había terminado sus compras.

Cuando hemos visto nuestra cesta…. ¡había muchísimas cosas! No nos hemos dado cuenta y hemos comprado demasiado. El pobre hombre que la llevaba, que era muy pequeño y delgado, no sé cómo habrá podido cargar con tanto peso. Hemos salido al mercado, nos ha recogido el coche, y hemos llegado a casa. Yo muy cansada, supongo que por la falta de sueño.

Hemos comido Ashita y yo –procurando hacer un poco de dieta para compensar los excesos de los días pasados- y luego me ha enseñado el álbum de fotos de las varias ceremonias celebradas con motivo de la boda de su hijo mayor, que se casó en febrero del año pasado. Como el tema me parecía muy interesante, me ha explicado todos los detalles de las ceremonias, ya que la familia Thakur es muy religiosa y siguen escrupulosamente todos los rituales que marca su cultura y su tradición. Las fotos eran muy bonitas, así como los vestidos y la decoración.

Se ha hecho la hora en que debía salir con destino a la oficina del Balaraj. El coche me estaba esperando abajo, y he salido calzada para pasear y llevando el netbook. El trayecto hasta la oficina, ha durado media hora, pero ya estoy acostumbrada al tráfico de Bombay. En la calle, me esperaba el secretario de Balaraj, que me ha acompañado hasta su despacho, el sr. Thakur estaba en una reunión. Ha venido el informático y me han traído agua. El informático, no ha conseguido solucionar el problema de conexión, pero he podido conectarme un rato. Lo justo para ver mi correo y añadir a este blog el post con mi llegada a Bombay. Tengo “mono” de Internet. Esto de no poder conectarse cuando uno quiere, es muy fastidioso.

Como se ha hecho más tarde de lo previsto y estaba a punto de ponerse el sol, en lugar de ir andando hasta casa, Abdul nos ha dejado al principio del paseo marítimo de Bombay, para recogernos al final del mismo. Justo cuando empezaba a anochecer. Ha sido un paseo muy agradable, aunque Balaraj andaba muy rápido. Me he dado cuenta que todos en el paseo andaban especialmente rápido, y he comprendido que para ellos, es una forma de hacer ejercicio. En lugar de correr, andan a paso ligero. Balaraj me ha explicado que es debido al clima húmedo y caluroso, se suda mucho y resulta desagradable. Además del “paso ligero” de todas las personas con las que nos cruzábamos, me ha llamado la atención, que las mujeres que hacen ejercicio, no llevan ropa deportiva. Siguen vistiendo, como en toda ocasión, bien sari, bien ese conjunto de pantalón y vestido de vistosos colores.

Por la noche, hemos ido a cenar a casa de los hijos de los señores Thakur. Yo ya estaba moribunda. Había pasado casi 48 horas sin dormir. Cuando hemos llegado a casa, me he quedado dormida en un milisegundo.

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