Indian Party

Sábado, 16 – Cumpleaños de mi prima

Mi primer despertar en Bombay fue maravilloso… Eran las 9 de la mañana y la luz tamizada por las gruesas cortinas de cáñamo entraba y lo iluminaba todo. Me asomé a ver la vista desde mi ventana y…. ¡espectacular! En primer plano unos bellos cocoteros y al fondo, el mar. Pensando que era tardísimo –Balaraj me había comentado la noche anterior que la hora habitual en la que se levantaban en la casa eran las seis y media- me arreglé a toda prisa. Pero en la casa, no encontré a nadie más que al servicio (que son muy respetuosos y amables, pero con quienes me comunico con gestos) y la mesa del desayuno preparada. Al poco llegó Ashita Thakur, había salido temprano y no había desayunado. Me informó que Balaraj, debido a que se había acostado tan tarde por mi causa la noche anterior, seguía durmiendo.

Nos saludamos efusivamente y desayunamos juntas. La razón por la que Ashita había tenido que salir inesperadamente tenía que ver con la fiesta que se celebraba por la noche.

Resulta que el hijo pequeño de Balaraj y Ashita Takur celebraba su fiesta de compromiso esa noche. Ya me habían avisado del evento, y yo a mi vez, había preguntado como tenía que vestirme para la ocasión. Balaraj me había comentado por e-mail que era una fiesta para jóvenes, en la que además de cenar y beber habría baile hasta altas horas de la madrugada, y que con lo más apropiado era vestir unos vaqueros y un top moderno.

Mientras disfrutábamos de una sabrosa fruta (papaya, pera, una especie de higos y dátiles) regada con un té muy aromático, llegó el sari que Ashita iba a lucir esa noche. ¡Casi me da un pasmo! Era precioso, de gasa azul celeste y estaba rematado con unos bordados en hilo dorado y pedrería imitando a grandes diamantes. Estaba claro, que la fiesta no era para ir en vaqueros, por muy elegante que fuera el top….

Tras alabar el sari, y examinarlo de cerca, le conté a la sra. Thakur lo que me pasaba y le pedí por favor que me ayudara a elegir algo que ponerme de entre lo que traía en mi maleta. ¡Menos mal que había metido en mi equipaje un par de vestidos de fiesta por si las moscas! Elegimos uno muy bonito y yo creo que también bastante elegante, de gasa blanca, con el talle muy alto  y con el escote tipo palabra de honor, con unos finísimos tirantes para evitar accidentes a las bailongas como yo. La parte superior está decorada con un fino encaje negro que de cuando en cuando se ve salpicado por algunas lentejuelas blancas y negras, que le dan un poco de brillo. La falda, muy vaporosa y cortada en capa, se separa del cuerpo con un sencillo lazo de gasa negra que se cierra por delante, y cuyas puntas llegan casi hasta el final de la falda, que es corta y sólo cubre hasta un poco por debajo de las rodillas. Es muy ligero y glamouroso, le hace honor a mi apellido… je, je. Quienes estuvieron en la celebración de mi cumpleaños el año pasado, ya saben qué vestido es. Y para los que no, he puesto la foto… 🙂

Le pregunté a Ashita si ella pensaba ir a la peluquería, con el objetivo de acompañarla. Pero me dijo que no lo había acabado de decidir, no sabía si le daría tiempo. Pero si yo estaba interesada, podía llamar a un servicio de peluquería a domicilio que nos peinara a las dos. ¡Si! Ya que la fiesta era tan elegante, yo quería ir bien peinada. Pues llamó y la peluquera confirmo que vendría a las seis en punto, y yo tenía que esperarla con el pelo ya lavado. Ashita me pidió el favor de ser yo la primera, porque así, ella podía salir a hacer algunas cosas que tenía pendientes.

Pasamos el resto de la mañana atendiendo a los que venían a traer regalos, se les daba un poco de conversación en el salón principal de la casa. Fueron unas cuantas personas. El teléfono no dejó de sonar en todo el rato. Además, coincidió que era el cumpleaños de la Sra. Thakur madre, que vive en la casa y también hubo visitas y regalos para ella. ¡Qué casualidad! ¿No?

Comimos pronto y luego, cada uno a su habitación, había que dormir la siesta, porque la noche iba a ser larga y movida.

Yo no suelo dormirme de día, así que pensé aunque no consiguiera conciliar el sueño, me tumbaría un rato, al menos para relajarme. Pero me quedé profundamente dormida. Dos horas y media después, me desperté y pensé que habría dormido unos cinco minutos. Miré el reloj y…¡Ostras! ¡Eran las seis menos cinco! Me lancé a la ducha a lavarme el pelo, y cuando llamaron a mi puerta –porque la peluquera ya había llegado- justo estaba acabando de vestirme. ¡Uf! ¡Por los pelos!

Balaraj y yo, salimos un poco antes de las ocho a la fiesta, porque como anfitriona, la familia Thakur debía llegar pronto. Ashita iría más tarde, con la abuela. Nos condujo al lugar Abdul, en el mismo coche que me recogió en el aeropuerto.

Cuando llegamos… ¡Dios mío! ¡Qué sitio más bonito y qué decoración! El ambiente era mágico…. Allí ya estaban el padre y el hermano de la novia. Me los presentaron y el señor, que parecía estar muy feliz y algo nervioso, insistió en que tomara algo. Tras muchas dudas y cambios de opinión, me sirvieron un mojito. Cuándo le pregunté que qué tomaba él, me dijo, que no iba a empezar a beber todavía, que la noche era muy larga y justamente esa noche, no podía excederse…. ¡Qué bonito! En cambio yo, ¡empezaba –y por indicación suya- a primera hora…!

Empezó a llegar la gente. Las señoras, llevaban todas sari o similar, y algunas eran realmente elegantes. La mayoría de los saris eran de gran lujo, espectaculares. ¡Y vaya joyas! Sobre todo los pendientes, los collares y las pulseras. ¡De infarto! Yo era la única mujer vestida al estilo occidental, y claro, por eso era diferente y resultaba muy sencilla en comparación con el resto. Me sentía un poco guiri, la verdad. Pero también era un tema fácil de conversación para la gente que me presentaban (o que me hablaba sin más), porque la primera pregunta que me hacían es que de dónde era. La segunda, y la pregunta más repetida de la noche, que cuándo había llegado. Y mi respuesta, también muy repetitiva, después de mirar el reloj, que aún no hacía 24 horas… je, je, se quedaban muy sorprendidos. Y claro, lo siguiente que me preguntaban era si había venido expresamente para la fiesta… En fin, un inicio de conversación muy predecible…

Desde el principio, empezaron a servir unos aperitivos deliciosos. Había gambas a la parrilla rociadas con algo parecido al jengibre, pollo en brocheta con salsa roja muy especiada, tartaletas de queso fundido y alcachofa, champiñones rellenos con una especie de puré de tomate muy aromático, mini samosas con una salsa verde,…  En fin, muchas cosas y muy abundantes. Y al contrario de lo que pasa en otros cocktails, los camareros pasaban continuamente y se paraban a ofrecerte una y otra vez tanto comida como bebida. Por ejemplo, cada vez que mi vaso estaba vacío, venía un camarero a preguntarme si quería otro, y mientras me lo traía –hacer un mojito lleva su tiempo- otro camarero volvía a preguntármelo. ¡Qué servicio más atento! Al cuarto mojito, y aconsejada por una amiga de la familia Thakur, dejé de tomar alcohol y empecé a beber agua. (Me dijo que el jet lag y e calor de Bombay podían potenciar los efectos del alcohol.) Pero sólo pude tomar dos rondas, porque enseguida vino Balaraj a decirme que de eso nada, y retomé la bebida, esta vez con Caipiroshka (creo que se escribirá así), un cocktail a base de vodka, fresas y soda. ¡Espectacular! Por su estética (ver foto) y por su sabor…

A eso de las diez y media, el padre de la novia cogió el micro abriendo oficialmente el baile. Los padres (no las madres) y los novios salieron a la pista a bailar. Era una canción de discoteca, occidental, muy conocida, pero no recuerdo el nombre. Yo estaba deseando bailar, pero no me atrevía… Y… ¿Qué canción pusieron inmediatamente….? ¡Si! I gotta feeling… ¡No podía creerlo! Me lancé a la pista de baile… Allí, los camareros, seguían el asedio, pero esta vez con una especie de tubos de ensayo que contenían un líquido o rosa o amarillo (ver foto). Yo los cogía rosa. Creo que era también Caipiroshka y estaba muy bueno… En cuanto lo terminabas, te traían otro. Al cabo de cuatro tubitos, empecé a decir, “no, thank you”. Pero entonces, vino Balaraj y me trajo uno amarillo…

Y empezaron a poner música india. Entonces, si, me senté en los hermosos sofás blancos que bordeaban la pista, cómodamente apoyada en los cojines de colores, no sabía como bailar eso. Y me puse a hacer fotos, porque resultaba espectacular tanto sari bailando de esa manera… Pero, los chicos de la pista, en cuanto me veían sentada, pues venían a sacarme a bailar. ¡No me decían nada! Sólo me cogían de la mano y me conducían a la pista. Cuando les pedía que me enseñaran, porque no sabía como bailar esa música, lo hacían muy divertidos. El tercero que me sacó, hasta me presentó a sus amigas, y ellas, si, me enseñaron muy bien. En dos canciones, ya era yo una bailarina especializada. ¡Me sentía como en una película de Bollywood! Aunque sin sari… Me lo pasé increíblemente bien. En poco tiempo ya estaba saltando como los demás, levantando los brazos, y moviendo mis caderas al ritmo frenético de la música hindi. Yo ya no sé si por la música, por lo divertido que es bailar así, o por los tubos de ensayo… (o tal vez me ayudarán también mis clases de danza del vientre, ¿tú qué crees, Ellen?)

A eso de la una, Balaraj vino a buscarme a la pista y me dijo que ya era hora de cenar… ¡Cenar! ¡Si estaba todavía llena del aperitivo! Pero cené, estaba todo exquisito, y la mayoría de los platos, te los preparaban en un plis plas, después de haberlo elegido los ingredientes: brochetas, pasta, verduras… Había una legión de cocineros y por eso todo iba tan rápido. Tengo que reconocer que la comida india me encanta. Es muy especiada, y a veces, muy picante; pero es muy aromática y los sabores son muy intensos. A mí me gusta todo lo que es bueno e intenso. Si. En India, la mayoría de las sensaciones son así: buenas e intensas. Creo que me va a gustar mucho este país.

Tras la cena, volví a la pista, pero sería ya por poco tiempo. A las dos y media, se acabó el baile (y la fiesta), no sin antes sonar como penúltima canción I gotta feeling. ¡Es que no lo podía creer! Esta vez, era yo quien animaba a todos a bailar, y me seguían divertidos. Se va a convertir en la canción de este viaje. Está claro.

Lo pasé FENOMENAL en la fiesta. Realmente FENOMENAL. Conocía  a un montón de personas, supongo que un poco por lo exótico de mi presencia allí, y otro poco porque son muy educados, y como persona que no estaba “in” procuraban que no me quedara sola en ningún momento. Estuve con personas muy interesantes y agradables.

Le dí mi número de teléfono (el móvil indio que me ha dado Balaraj para que use mientras esté en Bombay) a dos personas. Uno, porque es un marchante de arte indio, y en unos días me llamará para llevarme a visitar varias galerías de Bombay. Se llama –curiosamente- Raul. Un nombre español. Muy atento y educado, como todos aquí.

El otro, es un amigo de la familia, en especial de Balaraj al que le encanta bailar. Nos lo pasamos tan bien bailando juntos todas las canciones indias, que pidió mi teléfono para organizar un encuentro otro día. Nos quería invitar a cenar a todos a su casa, pero no podíamos concretar la fecha: es un ejecutivo de una empresa de gas y petróleo, y estará de viaje en Dubai los próximos días. Y los Thakur tienen pensado llevarme fuera de Bombay el fin de semana, a una casa que tienen en las montañas y a visitar los alrededores porque además, algún día de la semana que viene es fiesta, y haremos puente. Así que, me llamará para ver como tengo la agenda… Nada más llegar a casa, ya me llegaba su SMS, diciendo que “había sido un placer tan grande bailar conmigo”… je, je.

Otro amigo de la familia Thakur, al ver que me divertía tanto bailando al estilo Bollywood, no me ha pedido el teléfono (no sabía y no le dije que tenía un móvil indio), pero se ha ofrecido a grabarme un CD con música india y llamar a Balaraj cuando lo tenga preparado para dármelo. ¡Lo estoy deseando! ¡Me encanta esa música! Y me hace mucha ilusión tenerla en Barcelona.

En fin, que fue una fiesta memorable, en todos los sentidos…

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2 comentarios

  1. Ellen said,

    2010/01/20 a 1:04

    Wow. Me encanta leer de tus adventuras. Despues de leer este capitulo me quedé con ganas de comer una buena comida hindu. Se nota que allí los sabores son más intenso que la comida hindu hecho aquí en España por el paladar espanol.

    La danza bollywood es una mescla de las danzas tradicionales hindues con todos los otros bailes desde Sevillanas hasta hip hop. Claro que comparte algunos movimientos de danza del vientre. Seguro que ya llevas el rítmo dentro.

  2. Bella Todoterreno said,

    2010/01/25 a 22:51

    Mi querida Mimi, He empezado a leer tu diario y ya estoy enganchada, es como si estuviera alli contigo, me lo estoy pasando bomba. Seguro que con tanto tubito lleno de mojito no te emborrachaste? a mi me lo puedes contar. Se escandalizaron con tu striptease? ja,ja


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