¡Hola Bombay!

Madrugada del Sábado 16 de enero

Las casi ocho horas y media de vuelo, pasaron realmente rápido. El avión aterrizaba en Bombay a la hora prevista.

Una vez fuera del avión, de pronto y sin saber por qué, me sentí feliz. El aeropuerto de Bombay debe ser muy acogedor, porque a pesar de que nadie me dijo nada, sentí como si el aire me diera la bienvenida. En mi cara se dibujó una enorme sonrisa y a medida que me cruzaba con empleados del aeropuerto, notaba como me miraban extrañados, supongo que nadie baja del avión a medianoche y después de un vuelo tan largo con esa alegría… O igual les parezco rara a los indios, no sé.

Pasé rápidamente el control de pasaportes y cuando llegaba a la cinta,… ¡mi maleta salía en ese momento! ¡Qué suerte! No sólo no tenía que esperar mi maleta, sino que mi maleta, ¡había llegado! De nuevo una gran alegría y felicidad, la verdad es que había pensado que tal vez mi maleta no hubiera llegado a tiempo en Londres… Pero si.

Otro tema que me preocupaba era el dinero. Por si me fallaba Abdul, quería tener rupias para un taxi. Pensé que a esas horas, ya no habría ninguna oficina de cambio abierta. ¡Me equivocaba! Antes de llegar a la puerta exterior de la Terminal, un pasillo lleno de oficinas de cambio. Hasta podía elegir…

¡Qué bien! ¡Qué feliz me sentía solo pisar Bombay! Todo estaba saliendo a las mil maravillas.

Y al salir de la terminal, que podría definirse como un aeropuerto grande y algo antiguo, otra sorpresa. El vestíbulo del aeropuerto de Bombay es simplemente, precioso. Con un techo construido a base de carpas blancas, que le da un aire muy limpio, moderno y alegre. Salí dispuesta a buscar a un hombre con pantalón negro y camisa blanca portando un cartelito con mi nombre pero… ¡Dios mío! Había más de 100 personas así allí. Con cartel y todo. Estaban todos colocados tras una especie de barandilla metálica en forma de U enorme.

Cada uno de los 3 lados de la U, tenía por lo menos, 25 metros de largo. Así que me acerqué al lado de la U que me quedaba a mi izquierda, para intentar encontrar el cartel con mi nombre. Lo recorrí enterito, y nada. Empecé a ponerme nerviosa. Pasé a la parte baja de la U. Seguí mirando y, justo en medio de los 25 metros…. ¡si! Ahí estaba un cartel donde se leía “MIMI GLAMUR”, bien grande, en letras mayúsculas.

Le dije al portador del cartel que era yo, súper contenta de nuevo. Y él, muy respetuoso, tanto que parecía tímido, me indicó que siguiera hasta el final de esa barandilla, para que pudiéramos encontrarnos fuera del recinto. Antes de obedecerle le dije “¿Abdul?” Y él asintió. Si, era mi chofer. No cabía ninguna duda…

El coche, era muy confortable. Un coche cuya marca no me es familiar, pero muy lujoso. El trayecto a casa duró unos 20 minutos, en los que no nos dirigimos la palabra. Yo notaba que para Abdul, tan respetuoso y cuyo inglés era muy precario, resultaba incómodo hablar conmigo. Así que me dediqué a mirar por las ventanillas.

Si, ví a algunas personas durmiendo en el suelo, pero no me causó la menor impresión. En España también hay indigentes, que duermen bajo las escaleras o en los cajeros. Aquí duermen en la calle porque la temperatura, a la 1 de la madrugada de un 16 de enero es de ¡¡¡27 grados centígrados!!!! ¡Qué diferencia con la ola de frío siberiano que dejé en España…!

Lo que sí llamó mi atención es el estilo de conducción que hay en Bombay. ¡Madre mía! ¡Conducen de una forma temeraria! A cada momento, alguien tocaba el claxón. Bombay a causa de las bocinas de los coches… ¡es una ciudad realmente ruidosa! Y no sólo eso. Conducen todos como locos: más de una vez pensé que el coche de al lado iba a chocar con nosotros… Pero no. Abdul conducía más bien rápido, y pasamos por grandes avenidas en las que, a pesar de que circulaban 4 y 5 coches al mismo tiempo…. ¡no había rayas para delimitar los carriles en el suelo! ¡Qué miedo! Sin embargo, no nos pasó nada. Se ve que aquí están todos acostumbrados a conducir así. Abdul no se paró en ningún semáforo, ya estuviera verde o rojo. La verdad es que cuando eso pasaba, ya cerca de la zona residencial en donde vive la familia Thakur, casi no había tráfico,… pero bueno…

Justo cuando estábamos llegando, Abdul llamó por teléfono para avisar que estábamos cerca. Así, nos estarían esperando, porque entre pitos y flautas, ya eran las dos de la mañana.

Los Thakur viven en un lujoso edificio de 24 plantas al que se accede a través de una verja en la que está permanentemente vigilando un guarda de seguridad. Al vernos de lejos, empezó a abrir la puerta manualmente. Tras la verja, se llega a una rotonda, la primera a la izquierda, está el garage, lleno de lujosos coches, y siguiendo un poco más adelante, la entrada del edificio, custodiada por otros dos guardas de seguridad. Uno de ellos y Abdul con mis maletas, me acompañaron en el ascensor hasta el tercer piso. De día hay también ascensorista (y de noche, sólo queda su taburete). Allí me esperaba Balaraj, muy contento de verme y que me saludó con un caluroso abrazo. Yo también estaba muy contenta de estar aquí.

Todos en la casa estaban ya durmiendo, así que me llevó a mi habitación, enseñándome todo lo necesario: interruptores, armario, cuarto de baño,.. Cuando concretábamos los detalles de mi viaje, Balaraj Thakur me había advertido que el cuarto de invitados era una estancia muy sencilla. ¡Ja! Mi habitación es una preciosidad, y además, es enorme. Más grande que muchos pisos en España… Tiene una preciosa cama doble con dosel, una zona de despacho con una mesa antigua y preciosa, un cuarto de baño para mí solita con todas las comodidades y completamente moderno y muy bonito, decorado con muy buen gusto. La ducha es un sueño. Bueno, todo lo es. Estaba feliz, una vez más desde que decidí hacer este viaje.

Se reía Balaraj cuando yo le decía que la habitación no tenía nada de sencilla…

Luego, me enseñó el resto de la casa, para que cuando me levantara supiera a donde ir. Se trata de un piso muy bonito y espacioso. Muy bonito (ya sé que me repito). Moderno y elegante, desprende mucha serenidad y armonía. Hay enormes sofás llenos de cojines, y la decoración es a base de flores, motivos indios o altares con representaciones divinas. Todo en tonos muy uniformes y bien combinados. Todo muy, pero que muy espacioso. Los muebles (muy pocos) en color wengué y las tapicerías, en su mayoría de tonos café, pero con cojines en color burdeos o chocolate.

Por último, me colocó el chip del número de teléfono indio que iba a ser el mío durante los próximos quince días en mi BlackBerry y comprobó que funcionara.

Casi a las tres de la mañana, nos despedimos y me llegó el momento de descansar. Pero, estaba tan emocionada, que me costó mucho dormirme…

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3 comentarios

  1. pp said,

    2010/01/18 a 22:56

    que envidia de viaje, seguro que sera como las mil y una nches, por favor cuenta más

  2. 007 said,

    2010/01/18 a 23:23

    estoy feliz que te este llendo muy bien durante tu viaje, espero te estes divirtiendo mucho y que te acuerdes de mi he por que me tienes muy olvidado he jejeje

    • mimiglamur said,

      2010/01/19 a 4:19

      No te tengo olvidado… lo que tengo son problemas de conexion, amore….


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